Título: Tres Nombres, Tres Destinos: ¿paz o cálculo de Gobierno?
Por: Alex Morales
En Colombia, cada decisión sobre extradición dice mucho más que lo que aparece en una resolución oficial. Tal es el caso de Gabriel Yepes Mejía, alias "HH". En medio de la llamada "paz total", los casos recientes de Geovany Andrés Rojas, alias “Araña” y José Miguel Demoya Hernández "Chirimoya" muestran cómo el Gobierno ha adoptado un tratamiento desigual frente a los líderes de grupos armados, dependiendo de su disposición al diálogo o del momento político.
En contraste, Geovany Andrés Rojas, alias "Araña", de los Comandos de la Frontera, fue capturado pese a estar protegido por una suspensión de captura nacional. La Fiscalía actuó con base en una orden internacional. El resultado: tensión con los negociadores y dudas sobre las garantías del proceso.
En el caso de José Miguel Demoya Hernández, alias "Chirimoya", del EGC, la decisión fue letal. Abatido en un operativo conjunto con la DEA, su muerte dejó un mensaje: hay grupos con los que no se negocia. Pero también dejó un vacío en la legitimidad del discurso de paz, al mezclar justicia con fuerza letal.
Estas tres decisiones reflejan una realidad: el Estado está actuando sin un criterio claro y uniforme. La paz, para ser creíble, necesita reglas estables, no mensajes ambiguos. Cuando unos son premiados, otros capturados y otros eliminados, se pierde coherencia y se genera incertidumbre.
La lucha contra el crimen no puede depender del grupo al que se pertenezca, ni de la coyuntura política. Requiere de una estrategia clara, con garantías para quienes dialogan y respuestas firmes para quienes persisten en la violencia, pero siempre dentro del marco de la ley y los derechos humanos.
La paz no se improvisa. Se construye con decisiones que den confianza, no con jugadas que parezcan movidas de tablero. En este momento, lo que está en juego no es solo el destino de unos pocos líderes armados, sino la credibilidad de todo un proceso
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