El Liberalismo de la Conveniencia

 

El liberalismo de la conveniencia



Por Alex Morales

Durante décadas, César Gaviria ha recorrido tribunales internacionales, foros globales y cumbres de expertos defendiendo una tesis inapelable: la guerra frontal contra el narcotráfico fracasó. 


Desde la Comisión Global de Política de Drogas
, el expresidente articuló una narrativa lúcida que señalaba al prohibicionismo punitivo como la fuente originaria de la violencia, la corrupción institucional y el sangrado inútil de América Latina, era el discurso del estadista que proponía regular, despenalizar y priorizar la salud pública por encima de la fuerza militar.


Sin embargo, la reciente decisión del Partido Liberal de declararse «partido de gobierno» bajo la administración de Abelardo De La Espriella dinamita esa coherencia teórica. ¿Cómo se explica que la colectividad dirigida por el abanderado de la reforma global antidrogas termine sumándose a un proyecto político cuya columna vertebral es, precisamente, el endurecimiento de la mano dura, el combate frontal y la profundización de la doctrina prohibicionista?

La respuesta no habita en las ideas, sino en la realpolitik, la maniobra, orquestada tras bambalinas por las dinámicas del poder dinástico y parlamentario, confirma que el liberalismo colombiano opera hoy bajo la lógica del pragmatismo de transacción. 

El ingreso a la coalición de gobierno no responde a un acuerdo sobre el modelo de país, sino a la imperiosa necesidad de garantizar representación burocrática, comisiones en el Congreso y cuotas de poder.


La muletilla con la que el partido intenta salvar su honra —reservándose el "derecho a discrepar"— no es más que una cláusula de cinismo institucional, un cheque en blanco envuelto en retórica de autonomía para atenuar el costo reputacional ante la opinión pública.

No se puede ser un profeta del fin de la guerra contra las drogas en los foros de Nueva York y Ginebra, y al mismo tiempo el socio de bancada que le vota las leyes de mano dura al Ejecutivo en Bogotá, cuando los principios de un partido se supeditan a la aritmética de las mayorías legislativas, la doctrina deja de ser una brújula política y se convierte en un simple adorno de biblioteca, el Partido Liberal ha elegido la burocracia por encima de las ideas.

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